jueves, 18 de julio de 2013

Escuchar entre líneas

Hoy actualizo con un cabreo monumental. En cierto modo mi cabreo viene por otras cosas, pero también tiene algo que ver con el hecho de un compromiso social que tuve el martes. 
Como no sé si alguno de vosotros sabrá, yo soy vegetariana. Así que cuando hay reuniones, fiestas o celebraciones varias, suelo estar casi siempre en el punto de mira y soy la diana de comentarios estúpidos por eso. Ya llevo bastante tiempo aguantando comentarios, tanto jocosos, como sarcásticos, algunos bastante infantiles y estúpidos y otros con una lógica aplastante. Y sí, esto último que digo es un sarcasmo puro y duro. 

La cuestión viene por lo siguiente. Yo desde que me hice vegetariana no he dicho ni he criticado en ningún momento a las personas con las que me siento en la mesa y comen animales (en cualquiera de sus formas), nunca me he metido con ellos por comer lo que comen y me he limitado a respetar (y mucho) que no se puede cambiar la alimentación de los demás por tu propia consciencia y coherencia con el mundo animal que nos rodea. Pues cada uno es como es, come lo que come y lo hace porque quiere. Ya sé que no se puede cambiar los hábitos o la forma de ver la vida por como la pueda ver yo. Es obvio y yo, aunque no me guste ni lo comparta, lo respeto.

Pero ahora, el hecho de que la gente empiece con comentarios absurdos de si echo o no de menos la carne, del porqué no como huevos o no como pescado con lo bueno que está y lo bueno que es, me saca de mis casillas. Depende mucho de como me lo digan, pero habitualmente y actualmente me limito a mirarlos con cara de: "Pero mira que eres tonto." Y respondo de la manera más asertiva que puedo. Porque si dijera lo que verdaderamente pienso, la liaría y mucho. 

Bueno pues la otra noche, en una celebración yo miraba con cara de lástima varios platos de la mesa. En uno había embutidos, en otro había gambas, en otro había pescado crudo y en otro había una mini tabla de patés. Y el comentario más inoportuno fue: "¿De verdad no echas de menos el comer todo esto? ¿No te llama la atención?". Yo creo que me vieron con cara de: Ay, me muero de ganas por comerlo, y por eso me lo dijeron. Pero realmente mi cara no era esa y mucho menos ese era mi pensamiento. 
Naturalmente mi respuesta fue bastante rotunda: NO, NO LO ECHO PARA NADA DE MENOS. Y NO QUIERO VOLVER A COMERLO.

Yo tengo un pequeño "problema", por así llamarlo, y es que cuando veo una tablas de patés, vienen a mi cabeza una jaula de aves pisándose entre unas y otras de lo gordas que están y muertas de miedo porque saben que van a morir (básicamente porque les están cebando para reventarles el hígado). 
Cuando veo un plato de jamón o de embutidos, me viene a la cabeza la imagen de un cerdo chillando porque lo arrastran y apalean y lo están pinchando con cuchillos y con tijeras.
Cuando veo una tortilla, veo a un par de gallinas histéricas saliendo detrás de los que le han robado a sus polluelos. 
Sí, se que estoy siendo demasiado gráfica. Pero es que es eso lo que pasa por mi cabeza cuando veo platos llenos de esa comida. No lo puedo evitar.
Me ha costado mucho concienciarme del hecho de que para poder comer o vivir tenga que quitarle la vida a otro ser vivo. Y a día de hoy, no puedo. Mi cabeza es un desfile de maltrato animal y de momentos sangrientos.
Así que sabiendo eso y decirme comentarios de ese tipo está haciendo que mi conciencia con respecto a las personas que yo respeto por comer lo que yo no como, cambie y me esté empezando a hacer un poco intolerante y un tanto intransigente. Y si os digo la verdad, esto no es lo que yo quiero. Pero por ejemplo, a mi se me están quitando las ganas de estar sentada a la mesa viviendo esto. 

No sé si alguno de vosotros me entenderá, pero los vegetarianos y los veganos cuando tenemos una reunión o una celebración con personas no vegetarianas ni veganas lo pasamos relativamente mal y nos cansamos muchos de los típicos y absurdos comentarios de siempre. 
No saben respetar. Y naturalmente no me voy a poner a criticarlos, pues no soy como ellos (porque como vuelvo a repetir, esto que os escribo son reflexiones propias y pensamientos por las cosas que me pasan). Pero hay que aprender a respetar a un vegetariano o vegano por su filosofía, su ética, su moral y su forma de ver la vida. TE GUSTE O NO TE GUSTE, LO ENTIENDAS O NO LO ENTIENDAS. O se respeta o mejor que se callen. Porque no se si se habrán dado cuenta la cara de póker que se nos pone cuando tenemos que escuchar semejantes cosas. De verdad, algunos tendrían que oírse.

Porque sinceramente,  a la única conclusión a lo que llego en claro, cuando estos momentos ocurren, es que los animales tienen más sensibilidad, más respeto y mas aceptación con el contexto que el que puede llegar a tener el propio ser humano. 
Así que a todos aquellos que sean así y estén leyendo esto, creced y madurad un poquito y dejar de meteros con los que tienen conciencia con el medio ambiente y los seres vivos. 
Porque no se puede actuar de esa manera tan hipócrita con alguien que te esta respetando cuando sabe que comes lo que comes, a pesar de que no lo entienda y que no le guste. 
Así que si alguien se siente ofendido por esto que digo, lo siento. Pero estoy tan cansada de esto que necesitaba decirlo y hoy pues ha tocado. 

martes, 9 de julio de 2013

Leal o desleal

(Post muy personal)

Sé que llevo ya varios días sin subir nada. Ni texto. Ni reflexión. Ni nada de nada. Y de veras que lo siento, porque he tenido una semana de lo más rara.
El caso es que esta entrada de hoy va un poco concorde con la anterior. Por si no os acordáis, hablaba acerca de las relaciones de amistad. De como pueden ser tirantes o flexibles con respecto a la concordancia entre los unos y los otros. Bueno, pues esta semana ha sido bastante reflexiva, pues hablo (no al cien por cien con total seguridad, pero al menos un 85% sí) de como alguien, un amigo, se distancia de ti porque le dices las cosas como son. Como las piensas. Está claro que cuando uno es leal a alguien, sea tu pareja o tu mejor amigo corre el riesgo de salir decepcionado y triste cuando las cosas se tuercen. 

Yo sinceramente estoy un pelín cansada de acabar así con mas de una de mis amistades. Normalmente me suelen llamar falsa o hipócrita,. Palabras que no creo que sean las que verdaderamente me definan, pero lo que si que es cierto es que cuando alguien me decepciona hago dos cosas:

1) Ignoro literalmente a esa persona y si sigue diciéndome cosas o intentan seguir manteniendo la relación conmigo por donde se quedo antes, paso olímpicamente de todo. Esto no quiere decir que no me hierva la sangre. Me llaman falsa e hipócrita precisamente por no decir lo que pienso en ese instante, pero ¿qué necesidad tengo yo de alterarme más y estar acordándome de toda su generación? ¿Qué saco de bueno el tener que decir lo que pienso a alguien que esta buscando una guerra o una discusión con un final malo y triste para ambos? 

Provocarme en esas situaciones lo único que puede pasar es que me calienten demasiado y acabe humillando y hundiendo a quien tenga enfrente. Sé cuales son mis virtudes y sé, por experiencia y guerras propias, cuales son mis grandes y mayores defectos. Uno de ellos es que no soy compasiva en cuanto tengo que defenderme. Así que por esa razón, una de las primeras cosas que hago con estas situaciones es ignorar, básicamente para ahorrarme un mal rato. Dejo a la persona que hable y cuando han pasado unos días valoro si me merece la pena o no enzarzarme. El tiempo es demasiado valioso como para perderlo con personas sin capacidad de miras y con ganas de meterse en guerras ajenas.

2) La segunda opción que tomo, ya es si me importa o no esa persona y la cantidad de afecto que sienta. En este momento voy a explicarlo con respecto al titulo que le he dado al post hoy. 
Una de las virtudes que tengo que reconocer que tengo, es que soy una persona que se entrega al 100% en una relación (la que sea) y soy leal hasta el final. Cuando hay personas que por suerte o por desgracia se nos pegan por que por "x" razones les interesas, la bomba, por así llamarla, acaba explotando en el momento más oportuno. (En este caso hablo de ese tipo de interés personal, más del tipo de; "voy a ponerte a prueba para ver hasta donde llegas y si llegas, entonces voy a intentar sacar todo lo bueno que hay en ti", no se si me entenderéis.) 
En estos casos mi lealtad se rompe antes de lo que uno se piensa y conoce. Y naturalmente no es que me vuelva desleal con respecto a mis amistades, pero se valorar hasta que punto puedo y debo de dar lo mejor de mi y cuando empieza el momento para dar lo peor de mi o sencillamente no aportar ni dar nada. 
Puede sonar raro. Seguramente con esto que os digo más de uno se pensara que soy una bruja y no es así. Yo no soy así en realidad, pero cuando alguien me busca me encuentra. 
Estoy segura que dentro de cada uno esas malas intenciones también las hay, la cuestión es que cada uno la canaliza y la filtra a su manera. Yo dependiendo de lo que os decía antes, de la importancia y el afecto que sienta por esa persona, la canalizo y la filtro a mi manera y si os soy sincera, la gran mayoría de los casos no sale nada bueno de ello. Pues o me vuelvo desconfiada y ruin o paso a ser un fantasma. Es algo que no puedo evitar. Es un mecanismo de defensa que tengo.

Vale, llegados a este punto más de uno se pensara de que la creación de este blog es para poner a parir a la gente con la que me rodeo y no, no es así. Sé que la persona con la que me siento realmente decepcionada estará leyendo esto (o puede que no, no lo sé) y la verdad, no llevo intención de dar más explicaciones del porque pienso lo que pienso y siento lo que siento. Esto es lo que hay, reflexiono en cuanto a todo lo que me ocurre y vengo aquí a contarlo para poder desahogarme. Para compartir esa desazón que puedo llegar a tener con respecto a ciertas cosas. Porque si leéis bien, no digo nombres no pongo género y no critico a la persona. Reflexiono en cuanto las consecuencias y pienso en como ha desembocado todo.

Así que si hay alguien que piensa que con todo lo que escribo quiero dar a entender que soy una víctima o una mártir, se equivoca de principio a fin, pues como alguien que se ha sentido y ha hecho sentir a los demás decepción, frustración y desilusión sé que no se puede criticar algo sin fundamento y sin argumentación. Y en base a hechos vigentes hasta día de hoy y críticas constantes de que vivo por y para el mundo cibernáutico, vengo y os cuento esto. Pues esa ha sido la razón por la que esa persona ha tomado distancias conmigo. 

A la conclusión a la que he llegado es que mantener una relación con alguien en la cual estas constantemente en el punto de mira por las cosas que le has contado, por las cosas que haces, los logros que has conseguido y la constancia que tienes para conseguir las cosas por tu capacidad, aptitud, actitud y esfuerzo no merece la pena. Pues llega un momento en el que uno se cansa de seguir viviendo y actuando por como los demás quieren que seamos. No soy de las que piensa que el cambio de una persona se hace desde los puntos de vista externos hasta el interior de uno. El cambio se hace de otra manera y es como el exterior de uno hace consciente de que su yo interior necesita cambiar y evolucionar a su propio ritmo y por lo que le ha tocado vivir. 

martes, 2 de julio de 2013

Tormentas y recuerdos

Esta tarde hubo tormenta. Fue una de esas que el viento te arrastra hasta lo más profundo de tu recuerdo y te lleva hasta días de hace más de diez años atrás.
Días en los que la inocencia invadía tu cuerpo y todo lo veías con una claridad totalmente diferente. El contexto que te rodeaba; como tu familia, tu pareja y los amigos.
Sí, los amigos.

Van y vienen. Desaparecen. Aparecen nuevos. Algunos se van por un ratito, otros te desprecian, otros te idolatran. Otros son como los buenos amantes. Otros como unos auténticos gilipollas. Y podría seguir describiendo.
Pero no lo voy a hacer, porque a día de hoy, conservo muy pocos, pero muy pocos amigos. Y lo que he sacado en claro es que los buenos amigos, los verdaderos, permanecen ahí contra viento y marea. Y yo, he encontrado a muy pocos así. Siempre me he sentido muy sola, aunque estuviera con mis amistades. Y en cierto modo, he descuidado a algunas y por supuesto he pagado las consecuencias: distancias, desconfianzas  y enfriamientos.
Quizás es porque mi forma de ser es un tanto excéntrica, por ser un tanto radical con respecto a ciertas cosas. Y con los años me estoy volviendo más quisquillosa y selectiva. Es algo que no puedo negar y que a estas alturas ya no puedo cambiar. Puede que sea muy introvertida, pero pedirle a un introvertido que se convierta en el centro del universo es como pedirle peras a un olivo.

Una cosa si que está clara y es una verdad monumental e internacional, es que como seres humanos que somos cambiamos con el paso de los años, cada uno va eligiendo caminos por cuestiones personales, laborales y profesionales y se distancia de sus más allegados, en este caso, de los amigos. Pero a veces esos caminos tan distintos hacen que pierdas la noción del tiempo y la consciencia de a quien has perdido por haberlo elegido y te acabas sintiendo culpable. Tanto como si hubieses perdido a un hermano.
Creo que los que siembran la amistad hasta el fondo de subsuelo, crecen juntos y aunque tomen caminos dispares siempre vuelven a reencontrarse. Yo hace mucho que no he vuelto a reencontrarme con aquellas personas en las que les dedique la mitad de mi vida, y me siento sola, culpable y triste por haber descuidado eso. Por desgracia todo se aprende y una de ellas es esta, y es que cuando uno toma distancia por razones equivocas con sus mejores amigos pierde toda la confianza. Por triste que sea, así es lo que ocurre en realidad. No digo que no pueda recuperarse, pero es un largo y dificultoso camino.
Y después de tantos años, hecho tanto de menos a mis viejas amistades que me da hasta vergüenza el querer verlas. Me da miedo. Y no se muy bien porqué. Es algo que no sabría como explicar.
Dejando esto a un lado, hay que contar también (y a tener en cuenta, por supuesto) a esas amistades las cuales te juzgan, te envidian y en cierto modo te miran con recelo porque no saben mucho de ti, no te conocen de verdad y acaban prejuzgando. Y lo peor de esas amistades es que cuando vas abriéndote un poco más el campo de reciprocidad no es el aceptado ni el recibido. Les cuentas tus problemas, tus peculiaridades, tus más y tus menos y acto seguido te miran a los ojos, se dan media vuelta, te dan la espalda y te ignoran. Pero te ignoran de la forma más literal y pura. Y te quedas solo.
No sabes a quien acudir porque tus mejores amistades no están ahí porque tu camino las ha dejado de lado y a las que creías que eran unas nuevas y verdaderas amistades te han abandonado por ser quien eres y por como eres.
Y te quedas diciendo, ¿pero qué coño ha pasado?
Aceptas con el orgullo y la dignidad herida lo que ha pasado y sí has acabado sola, pero con un buen par de dedos de frente, una gran carga de desconfianza hacia los demás y una ira descomunal dentro.
Ira que acaba desvaneciendo a medida que los ojos se entornan y ven que la realidad ha cambiado. Que hay días en los que el cielo se ha encapotado y ha decidido romper en mil pedazos su rabia y han llovido las lágrimas que en algún momento de nuestras vidas no lloramos.