martes, 2 de julio de 2013

Tormentas y recuerdos

Esta tarde hubo tormenta. Fue una de esas que el viento te arrastra hasta lo más profundo de tu recuerdo y te lleva hasta días de hace más de diez años atrás.
Días en los que la inocencia invadía tu cuerpo y todo lo veías con una claridad totalmente diferente. El contexto que te rodeaba; como tu familia, tu pareja y los amigos.
Sí, los amigos.

Van y vienen. Desaparecen. Aparecen nuevos. Algunos se van por un ratito, otros te desprecian, otros te idolatran. Otros son como los buenos amantes. Otros como unos auténticos gilipollas. Y podría seguir describiendo.
Pero no lo voy a hacer, porque a día de hoy, conservo muy pocos, pero muy pocos amigos. Y lo que he sacado en claro es que los buenos amigos, los verdaderos, permanecen ahí contra viento y marea. Y yo, he encontrado a muy pocos así. Siempre me he sentido muy sola, aunque estuviera con mis amistades. Y en cierto modo, he descuidado a algunas y por supuesto he pagado las consecuencias: distancias, desconfianzas  y enfriamientos.
Quizás es porque mi forma de ser es un tanto excéntrica, por ser un tanto radical con respecto a ciertas cosas. Y con los años me estoy volviendo más quisquillosa y selectiva. Es algo que no puedo negar y que a estas alturas ya no puedo cambiar. Puede que sea muy introvertida, pero pedirle a un introvertido que se convierta en el centro del universo es como pedirle peras a un olivo.

Una cosa si que está clara y es una verdad monumental e internacional, es que como seres humanos que somos cambiamos con el paso de los años, cada uno va eligiendo caminos por cuestiones personales, laborales y profesionales y se distancia de sus más allegados, en este caso, de los amigos. Pero a veces esos caminos tan distintos hacen que pierdas la noción del tiempo y la consciencia de a quien has perdido por haberlo elegido y te acabas sintiendo culpable. Tanto como si hubieses perdido a un hermano.
Creo que los que siembran la amistad hasta el fondo de subsuelo, crecen juntos y aunque tomen caminos dispares siempre vuelven a reencontrarse. Yo hace mucho que no he vuelto a reencontrarme con aquellas personas en las que les dedique la mitad de mi vida, y me siento sola, culpable y triste por haber descuidado eso. Por desgracia todo se aprende y una de ellas es esta, y es que cuando uno toma distancia por razones equivocas con sus mejores amigos pierde toda la confianza. Por triste que sea, así es lo que ocurre en realidad. No digo que no pueda recuperarse, pero es un largo y dificultoso camino.
Y después de tantos años, hecho tanto de menos a mis viejas amistades que me da hasta vergüenza el querer verlas. Me da miedo. Y no se muy bien porqué. Es algo que no sabría como explicar.
Dejando esto a un lado, hay que contar también (y a tener en cuenta, por supuesto) a esas amistades las cuales te juzgan, te envidian y en cierto modo te miran con recelo porque no saben mucho de ti, no te conocen de verdad y acaban prejuzgando. Y lo peor de esas amistades es que cuando vas abriéndote un poco más el campo de reciprocidad no es el aceptado ni el recibido. Les cuentas tus problemas, tus peculiaridades, tus más y tus menos y acto seguido te miran a los ojos, se dan media vuelta, te dan la espalda y te ignoran. Pero te ignoran de la forma más literal y pura. Y te quedas solo.
No sabes a quien acudir porque tus mejores amistades no están ahí porque tu camino las ha dejado de lado y a las que creías que eran unas nuevas y verdaderas amistades te han abandonado por ser quien eres y por como eres.
Y te quedas diciendo, ¿pero qué coño ha pasado?
Aceptas con el orgullo y la dignidad herida lo que ha pasado y sí has acabado sola, pero con un buen par de dedos de frente, una gran carga de desconfianza hacia los demás y una ira descomunal dentro.
Ira que acaba desvaneciendo a medida que los ojos se entornan y ven que la realidad ha cambiado. Que hay días en los que el cielo se ha encapotado y ha decidido romper en mil pedazos su rabia y han llovido las lágrimas que en algún momento de nuestras vidas no lloramos.

1 comentario:

  1. (Te lo he dicho por Facebook, así que voy a repetirme aquí.)
    Esta reflexión me la conocía yo. Lo que desconocía era la forma y la prosa en la que la has descrito.
    Para empezar, ¿qué te voy a contar yo que ya no sepas? Los amigos son lo que son. Y los has descrito de una manera tan sarcástica en esta parte, que no he podido reprimir el soltar una carcajada:

    "Sí, los amigos.
    Van y vienen. Desaparecen. Aparecen nuevos. Algunos se van por un ratito, otros te desprecian, otros te idolatran. Otros son como los buenos amantes. Otros como unos auténticos gilipollas."

    Si, así son las relaciones de amistad, pero lo que pienso es que siempre estamos haciendo amistades. Y no esta en nuestra mano en que esas amistades nos elijan, ni tampoco en la reciprocidad y en gustos comunes. Por desgracia hay y existe una serie de intereses, por los que le gustamos a otros. Las personas nos pegamos a otras por interés, tanto del bueno como del malo. Pero es así.
    Que luego quieras seguir y mantener esa línea ya no depende de ellos sino de la integridad y de los valores que tenemos y de las ganas de fingir que tengamos.
    Sinceramente creo que podías haber hablado de ese tipo de amistades, son las que te han faltado y que por desgracia llevas conociendo desde hace años, no sólo por amistades sino hasta dentro de tu contexto familiar
    Por lo demás, me ha gustado leerlo. Sobre todo ese final, enlazándolo con el inicio del texto. Es fantástico.

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